Visto y no visto; lo infraleve, la guerrilla y la acción disipativa (2)

Situación neblinosa de un significante estándar, vista a través del microscopio.

Escena 3: El Interludio Lírico

Interior – Exterior y sucesivos, Alba – Crepúsculo

SIR PETER O’TOOLE INTERIORIZA A SIR LAWRENCE DE ARABIA

Pizcas de tierra batida

tiznándome los ojos.

Y yo, con las manos libres

etílico

sin pluma

intento dibujar

en medio de una tormenta

de polvareda amarilla

el oleaje de lo no visto

pero que a la sangre abrasa:

el rumor de la rebelión,

infierno para una paz coartada:

sublevamiento en la infinita

aridez del desierto,

dispersa circonfusa

reconquista del propio espacio.

Airado vibro la lengua enjuta

que ya es lengua absuelta,

tintada con el rojo

sangre del Imperio:

-Sin prisioneros,

-¡Sin prisioneros…!

Tramas

Siendo honestos, el propósito fundamental de este texto debería ser el de resultar incómodo a la lectura. Y no nos referimos a una incomodidad política. No se trata de soliviantar conciencias ni de postularse como un epígono de la incorrección en su enésimo avatar. El asunto no tiene nada que ver con alquímias ideológicas ni con revelar certezas groseras. Si nos referimos a incomodidad es porque el texto debería ser incómodo de leer. Literalmente. Poco agradoso en su textura escrita, nada pródigo en lo que respecta a los protocolos que hacen de un texto algo que muy a menudo incurre en solícitos pactos de salón con el fin, saldadas las cuentas pendientes, de darse a entender. Pues nada de eso. Ni darse ni entender. Lo que aquí debería producirse está más cerca, en todo caso, de un acto de amago y de un proceso de desconcierto. Un texto que llegue para irse -bajo condición de hacerlo por una puerta distinta-, una escritura convertida en un catálogo de cicatrices, carne muerta y viva al mismo tiempo, hendiduras en el tiempo del discurso.

Dicho así, uno debería quizás agudizar todavía más el compromiso con la honestidad y plantear que el texto, en sí mismo, no debería tener un propósito y mucho menos un fundamento. Debería brotar inopinadamente allí donde el lector se topara con él; zarza en llamas surgida de la nada, brote alergénico y rabioso. Al fin y al cabo, lo que aquí se pretende no es ningún ejercicio discursivo. No se va a plantear la necesidad de hacer nada en concreto y menos aún de evidenciarlo. Es quizás algo más parecido a una práctica humorística -nada más lejos de la risotada-, algo más cercano a aquello que Deleuze definía como una “nebulosa sobre la que caen los latigazos”: predisposición disoluta a mancillar, con determinación neblinosa, toda idea de paisaje. Y de hacerlo con las sabiendas de alguna buena tunda. Algo parecido, también, a un mecanismo gozosamente defectuoso.

Golpear y desaparecer y golpear y ser golpeado y desaparecer y ser desaparecido y golpear y desaparecer y

[y]

[la incursión neblinosa, la espectralidad, lo casi, operan siempre por adición, nunca por sustracción o por disyunción.

la pérdida, la desorientación, el humor y la guerrilla no son el resultado de despojar el estado de las cosas de algo propio, sino de añadirle algo que le es ajeno. un movimiento dislocado, un invitado incierto.

es lo que Derrida llama el “peligroso suplemento”: aquello que se añade a la realidad y que la aproxima, paradójicamente, a su propio extrañamiento. esta escritura debería ser el peligroso suplemento de lo que usted, lector, espera confortablemente que sea la escritura.]

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s