Más consideraciones sobre la palabra y la (e)videncia (2)

Vórtice nº 6 (detalle)

CONTEMPLACIÓN DESINTERESADA

Hay un punto de fisión en todo esto.
Una pequeña turbulencia en la que la percepción
se vuelve clara y distinta
y terrible.
Les veo pasear, moverse en grupos o en solitario,
cogidos de la mano,
manteniendo una ínfima distancia
o navegando entre el oleaje de sí mismos.
Pero al mismo tiempo no les veo.
Así como tampoco veo los muros,
las estrecheces de cemento o los flancos de
lívida vegetación que
pretenden encubrir
el desastre urbano.
Hay un punto
volátil e inexacto y sin embargo
dotado de una pavorosa vitalidad
en el que veo un lejano y desaforado porvenir
al que ninguno de ellos pertenece,
del que han sido expurgados como
hierbas maledicientes.
Allí no hay urbe ni espacio habitable,
tan sólo un desierto cargado de imágenes
sin reverso.
Un paisaje sin metáforas ni símbolos.
Forzando la creencia lineal del tiempo
me digo a mí mismo que debe de ser el futuro.
¿Pero qué clase de futuro es un futuro
despojado de la promesa humana que
se encargó de forjarlo?
¿Hay un futuro para una tierra poblada tan sólo
por ejemplo
de líquenes,
algas petrificadas,
vastas extensiones de
simples argumentación
geodésica?
Debería buscarle otro nombre, otro epíteto
a esta indócil versión del fin del mundo.
Imaginar una nueva categoría histórica
en la que no existiera rastro ni tentativa humana.
¿Cómo la llamaría?
¿ESO, ESTO, AQUELLO
o quizás, más exactamente, LO DE MÁS ALLÁ?
Busco complicidad conceptual en las miradas perdidas,
en los cuerpos que se abalanzan poco a poco
hacia ese fatídico punto y final.
Pero en ellos y su entorno sólo hay gestos
que siguen circulando, ingenuos,
por la cinta transportadora de presuntos significados
y expectativas.
Si formulara ante ellos mis dudas
quizás
quizás
quizás sería injusto a la par que incauto.
Al fin y al cabo ellos no ven lo que yo veo
ni llegarán jamás a ser partícipes de una crónica
que se augura escrita en caracteres
devastadores y primarios.
Tras la pared membranosa de mi visión,
extirpada ya toda esperanza
me limito a perder la mirada
y dejar que su espectro les acompañe
en el inicio de éste su último viaje;
los primeros pasos del final de la vorágine.

(Lagos, agosto 2013)

 

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